NewsTeter #13

Hola,

¿Te has dado cuenta de que todo lo que hacemos, lo que sentimos o lo que nos gusta, acaba teniendo un nombre? Ya sea en danés, en alemán, en japonés o en navajo, pero al final acabamos encontrando un término para nombrar un concepto abstracto y que no tiene una palabra asignada en nuestro idioma. Siempre he pensado que hay mucho de marketing tras la popularización de algunas palabras. La última de ellas podría ser el higge danés, que seguro que encontrabas hasta en la sopa hace unos años pese a que parecía que ya teníamos superado lo del estilo nórdico.

Cuando ya llevaba unos meses instalada en el Pirineo, cogí la costumbre de salir a andar por el monte. En un principio lo hacía simplemente como actividad física y para respirar. Siempre que podía, salía a caminar. Muchas veces en mitad del día: terminaba la jornada mañanera en la oficina y, antes de irme a casa a comer, hacía mi ruta hacia la cascada. Y, sin darme mucha cuenta, aquellos paseos se fueron convirtiendo en otra cosa. Incluso llegué a ponerle nombre de forma instintiva. Lo que no sabía es que con el tiempo, y por casualidad, iba a encontrar una palabra japonesa que definía exactamente mi nuevo hábito: Shinrin Yoku.

El Shinrin Yoku habla de rodearse de naturaleza. No quiere decir salir al jardín o ir a un parque urbano, ni siquiera hacer senderismo. Tiene un punto más espiritual: el poner los 5 sentidos en lo que te rodea, sin centrarte en ninguna otra actividad más que en ti mismo y en la naturaleza a tu alrededor. Yo lo bauticé como baños de bosque. Y para mi sorpresa, esa es la traducción literal del concepto japonés. Darse un baño de bosque.

A nuestras bisabuelas les recetaban ir a la costa a darse baños de ola para mejorar su salud. En Japón, se recomienda vistar los bosques como terapia contra el estrés y la depresión, y para fortalecer el sistema inmune. Por mi parte, solo soy consciente de la bajada de los niveles de estrés, la mejora del sueño y de tener la mente algo más centrada y productiva. Para darte un baño de bosque no necesitas cansarte demasiado, solo estar presente, escuchar y disfrutar de la belleza que te rodea. Así, mis paseos, que al principio no eran más que una excusa para estirar las piernas y no sentirme tan sedentaria, se convirtieron en otra cosa. El objetivo dejó de ser andar y el andar se convirtió en un medio para llegar a mi cascada y disfrutar de un momento solo para mí. Sólo yo y el bosque.

La necesidad de tener naturaleza a nuestro alrededor se ha convertido en una cuestión básica. Mucho más después del año que hemos pasado. Y es un fenómeno fácilmente observable y del que ya te he hablado antes: la huida hacia los pueblos y la exaltación de lo rural, el boom de las plantas de interior, de la artesanía, las fibras naturales en el mobiliario y en los complementos de moda y, ahora, la llegada del color verde. ¿Te has fijado? Aún no ha desbancado al mostaza, que sigue muy presente, ni al terracota, aunque éste último poco a poco se vaya transformando en un color más anaranjado. Pero el verde viene pisando con fuerza: no paramos de verlo en todas partes. Y no es un verde cualquiera, es lo que podríamos definir como un verde inglés, mucho más intenso y retro que los tonos pastel de los que venimos. Para que te hagas a la idea del tono, te enlazo un aplique recién llegado a la tienda.

Hace ya casi un año, Laura Cano escribía sobre el verde en su serie de artículos sobre el color para la revista AD. Aplicado a la decoración, decía: «el verde crea una atmósfera protectora cuando se usa para techos, los tonos suaves dan una sensación fresca y tranquila en las paredes interiores y si se aplica en los suelos aporta mucha alegría sin llegar a cansar». Ahora le toca el turno al mobiliario y a los complementos. No paro de verlo en catálogos y showrooms. Y la verdad que es un tono acogedor y diferente, que rompe con todo lo que llevamos viendo estos años.

Parece que el deseo de naturaleza ha llegado para quedarse con nosotros, al menos, un tiempo. Y yo te aconsejo que lo abraces. Y que, si puedes, vayas al bosque. Y que huelas, y que escuches, y que veas y que sientas. Y que respires profundo y te lleves a casa todas esas sensaciones.


Precisamente la semana pasada hablábamos en el blog de otra tendencia con palabra japonesa, Tsundoku, el placer de coleccionar libros, y de lo preocupante que nos resulta que el interiorismo actual parezca empeñado en ocultarlos. En Instagram pusimos una mesa al aire libre, colores mostaza y motivos tropicales para un vermut de final de primavera. Y en las novedades de la tienda, nuestros queridos apliques luminosa en su versión doble, el aplique anita en rojo y en verde, y unas coronas de flores preservadas en tono neutro y en color, en una colaboración con las manos expertas de ATEMP.

Tete.